"Soy letrista porque me dejaron serlo"
Soy letrista porque un día me dejaron serlo, porque cuando llevé una ocurrencia en forma de letra, la recibieron con alegría y me incentivaron a seguir. Al principio, solo quería colaborar con el grupo que siento como mi hogar, con mi familia carnavalera. Así debemos ser con quienes comienzan a escribir: recibir su trabajo con gratitud y aliento. Y si hay diez letristas, mejor aún, porque el trabajo en equipo siempre será más nuestro y menos de uno solo.
Lo que comenzó como un simple ejercicio de imitar la estructura de una canción comercial e insertar frases con significado para nuestra gente, hoy es mucho más que eso. Escribir ya no es solo un juego de rimas y melodías, sino una labor que se centra en el mensaje, en aquello que creemos que sienten nuestros vecinos, nuestra familia, nuestra gente.
Porque ellos respiran lo mismo que nosotros, consumen las mismas noticias interesadas, soportan a los mismos políticos de siempre y sufren una realidad laboral abusiva. Y aunque parezca un ciclo sin fin, seguimos aquí, juntos, buscando razones para sonreír.
Por eso sigo escribiendo. Lo hago con la esperanza de que, durante los cinco o seis minutos que dura una canción, mi gente pueda sonreír, aunque sea un instante, y sentir que, en medio del caos, la risa sigue siendo nuestra mejor victoria. Si logro denunciar lo que sienten y, al mismo tiempo, hacerlos reír con la forma en que lo cuento, entonces el trabajo estará bien hecho.